6/08/2016

Autobronceadores y yo: primer contacto.


La palabra "contacto" sugiere un acercamiento fuera de lo normal entre dos especies alejadas, una especie de encuentro con alienígenas en los que ambos individuos se miran entre sí con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Ese era el ambiente reinante cuando cogí, por primera vez en mi vida, una muestra de autobronceador y me dispuse a abrirla.


El envase era apenas un sobre de muestra que había habitado en mi armario muchos años, esperando su momento. "Instant Glow Bronzer", prometía el sobre. Había llegado el momento: el calor ambiental, propio de un día de verano, me había convencido de que era hora de sacar los shorts e, inevitablemente, la maquinilla de afeitar. Así que, con las piernas enrojecidas como corresponde a una sesión de belleza/tortura, abrí el diminuto paquetito con unas tijeras (los abrefáciles no son para mí) y apreté sin saber muy bien qué esperar. Todo menos aquello.

Palpé atónita aquel gel marrón con textura de sirope, que no hubiese desentonado en absoluto al lado de un gofre. Para mayor realismo, el baño se inundó de un extraño aroma a chocolate y vainilla. Pero ya no había vuelta atrás: tomé aquel artilugio de pastelería y lo aplasté contra mi pantorilla. Retiré la mano esperando encontrar algún hallazgo interesante -una súbita transformación a modelo de Victoria's Secret recién llegada de unas vacaciones en Cancún-, pero sólo hallé un tremendo churrete que atravesaba la pierna. Me vinieron a la mente toda clase de pensamientos escalofriantes, como el recuerdo de esos vídeos de contouring corporal que pululan por instagram. "¡Rápido!", me dije, y froté como una loca hasta que desapareció. Salí del baño, dejé que me diese la luz y examiné atentamente ambas piernas. Lo cierto es que ambas prácticamente el mismo color, aunque ahora una olía a natillas.

El sobrecito ha vuelto al armario. Acabo de ver la composición y lleva caramelo. Estoy igual de blanca, pero ahora me siento algo más pegajosa y, sobre todo, muy confusa. Tal vez hay especies que están destinadas a nunca encontrarse.

-Nana


2 comentarios:

  1. jajajaja ay qué descripción de la situación xD Yo me he llevado muchos chascos con los autobronceadores (las toallitas de Comodyes son el HORROR). Y al final di con uno que para mí es perfecto. Es de Natural Honey, y hay dos tonalidades, para pieles claras y oscuras. La cosa es que es una hidratante, pero no con color y de golpe ya estás cambiada, sino que echándotela todos los días, vas adquiriendo ese doradito bonito que se consigue con un bronceado natural adecuado, y así es como si tomaras el sol cada día un poquito y no pasas de blanco nuclear a color chocolate de golpe. Y además, aunque te lo debes aplicar bien y lavarte las manos después inmediatamente como cualquier otro, no suele dejar churretes naranjas si tienes un descuido, ni huele empalagoso (odio esos olores) ni es pegajoso ;)
    Para mí lo único "malo" es que este año no lo encuentro por ningún sitio, ni en las droguerías de toda la vida :(
    Espero que te sirva! Besos!

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    1. La verdad es que fue bastante divertido xDDD
      No me importa tanto parecer morena como unificar un poco el tono de la piel, y lo cierto es que eso tampoco me quita el sueño. Hace poco mi madre trajo a casa un autobronceador de solcare, incoloro (ignoro cómo funcionan este tipo de cremas), que tampoco me llegó a convencer porque olía a rayos después de un rato sobre la piel.
      Natural Honey es una marca que me gusta bastante. Mi hidratante es de ahí y estoy encantada. De todas formas, prefiero subir a la terraza y hacer el proceso al natural que echarme más cremas!
      Un beso! ^^

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