9/09/2015

Praga en cuatro días (y medio).


Este verano está siendo intenso en cuestión de viajes. En menos de un mes he ido a Santander, a un cámping en Cataluña y ahora ¡a Praga! Mis padres y yo pasaremos cuatro días en la capital checa. Cuando viajo con ellos, me encargo de llevar los mapas, localizar los sitios y los horarios de los museos... Me he convertido en una micro-agencia de viajes. Aquí os cuento mi experiencia.
Día 1: Staré Mesto
Tras una agotadora llegada al Hotel Caesar a las dos de la madrugada, disfrutamos de una habitación amplia y, a la mañana siguiente, de un suculento buffet. El plan de hoy es recorrer la Ciudad Vieja. Para ello, nos ponemos en camino siguiendo la ribera del Moldava, que nos ofrece unas vistas estupendas. A nuestra espalda queda la Casa Danzante.
La Casa Danzante, diseñada por Vlado Milunic.
El Puente de Carlos es fácilmente reconocible por sus hileras de estatuas y la afluencia de turistas,  que nos abruma. Creíamos que, al ser septiembre, nos encontraríamos con menos gente, pero al parecer ya hay poca gente para lo que se encuentra aquí en verano. La calle Karlova, que conduce al corazón de la ciudad, es un batiburrillo de iglesias barrocas en las que ofrecen conciertos,  tiendas de recuerdos (con cristales, matrioskas, jarras de cerveza...) y locales de marionetas o teatro negro. Hacemos una pausa en el recorrido para visitar el Clementinum, antiguo colegio jesuita especializado en la observación astronómica. La visita guiada nos lleva a la increíble biblioteca barroca, a la capilla de loa Espejos y a lo alto de la torre Astronómica, un mirador estupendo del centro de la ciudad. El siguiente paso es Staroměstské namestí, la famosa plaza del reloj. El reloj del ayuntamiento viejo sorprende por su tamaño y ornamentación. Juro que, en veinte minutos, tres parejas de recién casados se hicieron la foto allí.


Tras entrar en la barroca San Nicolás, centro del culto husita, llega la hora de comer. Y el estómago me pide goulash. 
El goulash es un estofado de ternera caldoso que te pueden servir en el interior de un bollo de pan o en un plato acompañado de unas rebanadas de pan de patata ("knedlíky"). Como podéis ver, yo lo probé de la primera manera en Mike's Grill Bar, un sitio muy asequible cerca de la plaza (y era la ración de goulash más generosa que he visto).

Justo al lado del restaurante, me llama la atención la tienda de una ilustradora llamada Marie Brožová. Compro unas postales de colores mágicos y volvemos al Ayuntamiento Viejo: va a dar la hora en punto y el reloj se activará, dando paso a los doce apóstoles. Una multitud de turistas contempla el espectáculo (multitud siempre presente en este lugar).
Después enfilamos hacia la Plaza de la República. Allí están la oscura Torre de la Pólvora y la Casa Municipal, una joya del art nouveau.
El camino finaliza el el Museo de Alfons Mucha, el ilustrador art nouveau por excelencia. Soy una friki del estilo, así que se me cae la baba ante cada obra. Muchas tiendas de recuerdos venden productos de Mucha, y más baratos que en la tienda del museo, así que no caigáis en la trampa.
"Zodiac", una de sus obras más famosas y la primera que vi de él.
Al salir comienza a llover y protagonizamos un power walking hacia el hotel para armarnos de paraguas. La cena es en U Bubeníčků (los acentos checos son preciosos). Tienen especialidades locales a buen precio,  aunque evitamos el codillo y las costillas y hacemos una cena ligera. Toca descansar para aprovechar el día siguiente.

Día 2: Josefov
El día comienza con un asalto al buffet del hotel y una trágica revelación: no hay tortitas. Aunque lo compenso con bollos y café con leche.
El recorrido pasa por la plaza de Carlos y el Ayuntamiento de la Ciudad Nueva. Atravesamos la plaza del reloj en dirección norte, hacia la Sinagoga Española, donde compramos la entrada completa, que ofrece el pase a todas las sinagogas menos la Vieja-Nueva y al cementerio.  La sinagoga, una reconstrucción de 1860 de aire mozárabe, parece un exquisito joyero. Es la más llamativa de todas las que veremos: la Vieja-Nueva (en cuya buhardilla se dice que mora el Golem), la de Klaus, la de Pinkas (que alberga dibujos de los niños judíos deportados), la de Maisen y el cementerio viejo, en el que está enterrado el rabino Löw. Todas ellas albergan museos sobre la comunidad judía de Bohemia y Moravia.
La sinagoga de Pinkas luce en sus paredes los nombres de todos los judíos checos deportados durante la invasión nazi.
A la hora de comer nos dirigimos hacia Haštalský dědek, un restaurante muy asequible en el barrio judío. El chucrut con pan de patata es de-li-cio-so. Atención: si no queréis respirar humo de tabaco,  preguntad por la sala de no fumadores,  porque en la República Checa está permitido fumar en los locales.
A las cuatro de la tarde salimos pitando hacia Malá Straná, al otro lado del río, donde entramos por los pelos a la última visita de San Nicolás, la magnífica iglesia barroca desde cuya torre se ve toda Praga.


Nos damos una vuelta: la plaza Malonstranské námestí, la plaza de los Malteses,  la calle Karmelistská (donde está la iglesia Panna María Vitežna que alberga al niño Jesús de Praga) y el muro de John Lennon.
La península de Kampa está cerca y recorremos sus parques y sus puentes en busca de la Cocina Envenenada de Hija de Humo y Hueso: lo siento, no existe (o, al menos, nosotros no pudimos encontrarla).
Ya de vuelta a la otra orilla, atravesamos el puente de Carlos por primera vez y remontamos Karlova hacia uno de los locales de Teatro Negro. Allí compramos unos tickets y, tras cenar en Don Giovanni, asistimos a la función Phantom. El teatro negro se caracteriza porque se desarrollan en la total oscuridad y los actores utilizan luces ultravioletas para iluminar máscaras y trajes en el escenario, de modo que estos parecen flotar en el vacío. El concepto es muy interesante, aunque encontré nuestra función un tanto cutre, hecha para turistas.
Tras el espectáculo, volvemos al hotel. Allí finalizo el día con una ducha calentita.

Día 3: Hradcany
Hoy visitaremos por fin el castillo que llevamos días viendo desde el río. Como corona una colina, hay que subir una cuesta que nos hace bajar todo el desayuno. La marabunta de turistas es tremenda y tenemos que guardar cola para comprar una de las modalidades de ticket para los edificios del enorme recinto. Comenzamos por el Palacio Antiguo, del cual se visitan pocas salas, como la de Vladislav y la de la Dieta. Seguimos por la iglesia de San Jorge y la Pinacoteca, que alberga algunos cuadros de Tiziano, Tintoretto y el Veronés. La cola de la catedral de San Vito es tremenda y el hambre aprieta, pero aguantamos el tipo comiendo una manzana en la cola. El interior de la inmensa catedral, llena de turistas, es sobrecogedor. Allí están la vidriera de Mucha, la tumba de San Juan Nepomuceno y la capilla de San Wenceslao. Tras pasear por la catedral, bajamos al final de la calle Nerudova para comer en U Zavěšenýho Kafe, un local con mucha personalidad y precios interesantes.
Seguimos nuestro camino: toca ver el monasterio de Strahov, que alberga una de las bibliotecas más antiguas de Europa. Volvemos al castillo para ver la Calle del Oro, más pequeña de lo que imaginamos, en cuya casa número 22 residió Kafka. Y, finalmente,  bajamos a la célebre calle Nerudova, donde paramos a tomar un té. Es hora de volver por el puente de Carlos camino del hotel. Estamos agotados...

Día 4: Nové Mesto y Vyšehrad
El día no comienza demasiado bien: mis padres y yo corremos de caseta en caseta de agencias de viaje para comprar un ticket para ir a Cesky Krumlov... en un autobús que va  salir en cinco minutos. No hay sitio: el madrugón ha sido en vano. Sin embargo, tenemos un plan B:  a las once nos uniremos al tour gratuito que organiza el grupo Pragueando a la Ciudad Nueva (Nove Město). Hasta entonces,  nos damos una vuelta por el mercadillo de Havelská donde compramos chocolate y guantes de cuero, porque hace una temperatura de 6 grados y no paro de tiritar.
A las once comienza el tour, que nos lleva por los lugares más relevantes de la historia moderna de Praga. Los guías, muy agradables y súper carismáticos,  nos cuentan la historia del tanque rosa, de la operación Antropoide, de los tiempos de los nazis y los comunistas... Hasta nos llevan a un pivnice a tomar cerveza casera. Es un grupo muy recomendable cuyo único requerimiento es dejar una propina al final (facebook).
Si alguna vez os apetece una buena historia sobre la segunda guerra mundial con nazis, terroristas y delatores, buscad información sobre la operación Antropoide.
Comemos en U Rudolfina, aunque sus platos no son ni de lejos tan  abundantes como en otros sitios. Por la tarde paseamos hacia Vyšehrad, uno de los asentamientos más antiguos de Praga,  donde están los la iglesia de San Pedro y San Pablo, neogótica, un cementerio y una capilla románica. Es una zona de paseo donde no hay muchos turistas, con vistas a la parte sur de la ciudad. Mi madre come (¡por fin!) un trdelník, rollos de masa con canela y azúcar que venden en cada esquina.

Antes de cenar asistimos a un concierto de órgano, violín y voz en la iglesia de San Francisco, en la entrada de Karlova. Repetimos en U Bubeníčků para cenar. Ya estamos hartos de carne.

Día 4 y medio: compras
Hoy nos marchamos a las tres y media. Ya hemos visto todo lo que teníamos que ver y nos dedicamos a pasear y explorar los mercadillos y las tiendas de recuerdos. En Havelská hay unos puestecillos que venden marionetas, souvenirs, frutas y chocolate. Allí compramos unas cajas de chocolate negro muy historiadas, obleas e imanes. Un poco más escondida está una tienda inconfundible,  en cuyo escaparate exponen cientos de matrioskas, huevos y cajitas pintadas a mano procedentes de Rusia. Mi madre, tras una larga deliberación, se lleva dos matrioskas.

Llueve y hace frío,  aunque ni de lejos como ayer. Comemos en el café bar Archa U Prokůpků, un local muy pequeñito pero totalmente recomendable cerca de Betlémské námestí: menú de sopa de verdura,  gloulash y strudel de manzana por seis euros.
Es después de que nos recojan del hotel y nos dejen en el aeropuerto cuando comienzan los problemas... Nos han cancelado el vuelo y la agencia no responde. Hemos conseguido un billete a España, aunque tendremos que hacer noche en otra ciudad. Nada es perfecto.

Balance
Si vais a Praga...
  • No vayáis en época turística
  • Llevad abrigo
  • Callejead mucho
  • Hartaos de goulash
Y, sobre todo, disfrutad mucho, porque es una ciudad preciosa, mágica.


Lista de Restaurantes
En general, no es muy caro comer en Praga. Nuestra experiencia en estos sitios es bastante buena: raciones medias-abundantes y precios muy aceptables.

  • Mike's Grill Bar
  • U Bubeníčků 
  • Haštalský dědek
  • Don Giovanni
  • U Zavěšenýho Kafe

¿Habéis visitado ya Praga? ¿Cuál fue vuestra experiencia allí?

-Nana

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