4/13/2015

¿Dónde están los italianos? - Viajar a Roma


Hace poco volví de una escapada de cuatro días a Roma con mi familia. Era un viaje que me hacía mucha ilusión y me había preparado bien, así que aprovechamos a tope el tiempo y logramos ver todo lo que teníamos planeado. A pesar de todas las visitas a páginas tipo "Qué hacer y qué no hacer", "Dónde comer", etc, es imposible prepararse para todo... Por eso he decidido hacer este post con algunos detalles que me habrían sido útiles allí.

El Coliseo: ¿Merece la pena?
El Anfiteatro Flavio es el símbolo por excelencia de Roma. No os voy a mentir: es un monumento realmente imponente y, aunque sea por postureo, hay que ir a verlo. El interior está bastante más deteriorado, pero no deja de ser una visita interesante, sobre todo para sorprenderse ante sus proporciones (y pararse a asumir que aquella mole se inundaba). Sin embargo, si vais en un viaje de pocos días o no queréis gastar más de lo necesario, os recomiendo contentaros con la vista exterior. La entrada normal vale 12 euros y no os perderéis algo imprescindible. Si entráis, no alquiléis un audioguía: no valen lo que cuestan (5'50€) y en el interior ya hay paneles informativos que os dirán todo lo que hay que saber, aunque, si sabéis un poquito de la antigua roma y los gladiadores, tampoco encontraréis grandes novedades.


Inglés, ¿eso qué es?
"El inglés es un idioma muy importante para viajar", "Aprender inglés te abre muchas puertas"... No en Italia. En mi experiencia, he encontrado que los dependientes/recepcionistas/camareros te mirarán con cara de torta en cuanto trates de hablarles en el idioma de Shakespeare. Resulta más útil hablar en español indio: ambas lenguas nos entendemos bastante bien. Eso sí, todos los carteles de los monumentos están en inglés e italiano exclusivamente. Ahí sí servirá.

La cuenta, por fav...¡ARG!
Roma es (tristemente) famosa por los timos. Taxistas y restaurantes son los que cargan con la etiqueta. ¿Las víctimas? Los turistas. No sólo comer en los restaurantes es bastante caro, sino que, en algunos sitios, cobran el servicio. Esto quiere decir que el local te cobra una "propina involuntaria" de entre el 10-20% sobre el precio final. Suelen indicarlo en la carta, pero es importante preguntar. Por si acaso, preguntad también por si cobran el cubierto o si están incluidos los impuestos. Mejor ser pesado que llevarse una desagradable sorpresa.


Visitas que duran más de lo esperado.
No hay forma de saber cuánto durará la visita a un monumento o un museo: generalmente, más de lo que piensas. Te recomiendo llevar siempre algo de comida en el bolso y una gorrita. No tiene nada que ver con que estuviésemos en el Palatino hasta las cuatro de la tarde sin comer. (Palatino y Foros están en el mismo recinto, así que hay que echarle tiempo. Lo ideal sería llevar un bocata y comer a la sombrita en alguno de los jardines).


Los romanos: una especie en extinción.
Lo que menos hay en la Ciudad Eterna son italianos. El 80% de la gente que encontrarás serán turistas. El 20% tal vez sean nativos. El porcentaje de paquistaníes que te vende cosas por la calle va aparte.
A menos que queráis morir asfixiados por la multitud, no vayáis en temporada alta (véase Semana Santa, agosto). Moverse entre los grupos guiados en los Museos Vaticanos puede ser una experiencia bastante desagradable (sin contar que siempre hay alguien a quien no le vendría mal una duchita).

Moverse en Roma.
Prepárate para andar. Alguna vez cogerás el metro, sí (hay iglesias que se salen del mapa), pero no merece la pena sacar ningún vale especial porque lo mejor está en la calle. Así que tómate un par de capuchinos y patéate las calles de Roma para compensar los atracones de pasta y pizza. Mapa en mano, por supuesto, para explotar al máximo la visita.

Obras, andamios y cortinas.
¿Os imagináis haber pagado un viaje de cuatro días para que en San Pedro te digan que no puedes ver la Piedad de Miguel Ángel? ¿O que la Fontana de Trevi esté cubierta de andamios? Pues eso nos tocó. Así de duro... Con un poco de picardía, podías abrir la cortina que tapaba la escultura como hizo mi madre, ganándose los aplausos de un grupo de turistas, pero a la Fontana todavía le quedan sus meses. La plaza de España también estaba en obras. Una razón más para no ir en semana Santa, cuando toda la ciudad se está preparando para los trescientos mil eventos religiosos.

Como en casa.
Italia se parece mucho a España. En las calles, en la gente (aunque allí hay tipos con una pinta de mafiosos completamente genuina), incluso en el clima. Los países mediterráneos, que somos así. Hasta viene bien para no parecer tan guiri.

"¡Selpi! ¡SELPI!"
Con ese reclamo se acercarán a ti decenas de vendedores paquistaníes, rebosantes de palos de selfie en los monumentos, paraguas cuando llueve y pañuelos cuando hace frío. Siempre tienen algo que vender. Y, a juzgar por la cantidad de gente que se anda echando fotos con el dichoso trasto, parece que tienen éxito. Los vendedores de bolsos falsificados también proliferan.


La lucha por la Capilla Sixtina.
Los Museos Vaticanos son inmensos, así como el número de personas que pululan por allí. Haz una selección de lo que quieres ver más detenidamente, saca las entradas por adelantado (la cola es bestial) y dirígete como un rayo hacia la Capilla Sixtina antes de que llegue la hora punta. A la sala hay que echarle tiempo y sería preferible que no admirases la Creación de Adán entre codazos de japoneses. Ya mirarás después las exposiciones con detenimiento, aunque tengas que dar más vueltas (los museos tienen sentido único). La audioguía merece la pena por la explicación de la Capilla Sixtina, en la que no hay paneles.
Un argumento convincente para reservar las entradas.


En ocasiones... veo semáforos.
El tráfico en Roma es un desastre. En la mayoría de cruces no hay semáforos y tienes que fiarte de la providencia y de la bondad del conductor, que debería parase para dejarte pasar, cosa que no siempre ocurre. Cruzar la calle se convierte en un acto kamikaze. Es mejor ir en grupo para hacer bulto y aumentar las posibilidades de sobrevivir así no acojona tanto.

El inexplicable clima romano
Mañana gélida. Mediodía asfixiante. Noche fría. Eso, la primera semana de abril y con buen tiempo. Llévate una chaquetita y un jersey.

Giolitti, donde los sueños se hacen helado
El local, que se jacta de ser la heladería más antigua de Roma, tiene una fama absolutamente merecida. Tras pagar el helado en caja puedes pasar a la barra de los helados, donde hay un buen número de sabores. No te lo pienses mucho, porque no vas a equivocarte. El helado tiene una textura cremosa y su consistencia casi divina hace que se deshaga en la boca sin ser demasiado empalagoso (ni demasiado caro: el cono pequeño, con dos sabores, sale a 2.50€). Yo, hasta mi próxima visita, le doy mi visto bueno al de tiramisú.
Foto de esta señorita.


Como consejo más general, os recomiendo llevar el viaje planificado de antemano y tener ya reservadas las entradas para los museos vaticanos, lo que te ayudará a evitar una buena cola. No estaría de más dar un repasito a la historia de la Roma antigua y a los artistas italianos.

¡Besos!

Hana

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